Ella se despierta pensando en mí y prepara un café de más.
Se ríe de mis chistes y comparte conmigo sus secretos.
Ella se pone siempre en segundo lugar y espera, observa.
Piensa en acercarse y mira de reojo cuando estoy atrás.
Ella se traga las palabras que quiere decir y se ahoga en los besos que no puede darme.
Sus pies arden de querer atravesar los pasos que nos separan.
Ella siente por dos, pero no puede expresar nada.
Habla de amores pasados que no extraña mientras se calla lo que ahora le pasa.
Ella le sonríe a mi inocencia y juguetea con mi picardía.
Escucha canciones que se vuelven voceras de lo que sentimos.
Ella respeta los silencios, no busca llenar diálogos innecesarios.
Está atenta a mis palabras y procura con disimulo roces que no alcanzan.
Ella se acuesta en otra cama y espera por mí con ansias.
Pero entonces, al final del día, levanta la vista y me ve. Me reconoce. Sabe que no puede ser. Y así apoyamos la cabeza en la almohada, deseando abrazar la distancia.
Cada noche, sueño que se queda conmigo sin decir "Hasta mañana".

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