Los números que no me daban, soluciones que no entendía y cálculos complicados.
Ángulos agudos y ángulos llanos; y transportadores y compases; miradas rectas y movimientos curvos.
Sumas de pensamientos.
Restas con lágrimas.
Divisiones en el corazón.
Multiplicaciones de sentimientos.
Una mueca impar y dos manos en forma de fracción.
La incógnita. La temida incógnita que nunca se despejó.
Pausa. La nada. Distancia. Miedo. Y...
Una mezcla. Un pincel que aparece y pinta.
Un rostro familiar.
Palabras seductoras de colores primarios.
Besos cromáticos.
Témperas que explotan en un apretón de manos.
Preguntas en tonos de grises.
Dos corazones impresionistas.
Otra vez, lágrimas, esta vez de acuarelas.
Confusión. Desaparición. Soledad acompañada.
Volvería a vos. Si tan solo quisiera recordar el camino...
O no hubiera una ráfaga fuerte jalándome hacia el lado opuesto. O si no estuviera él, parado frente a mí, a centímetros aunque kilómetros y años luz de distancia, con un cartel con mi nombre.
Entonces entiendo que no fui el teorema descubierto.
Tampoco fui la obra maestra esperada.
Pero siempre fue él... Diablos, siempre fue él.
Mi coprotagonista de la historia.
Y yo seré algo. Suya.
Para mostrarnos el mundo.


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