Ni siquiera entonces
La miraba, pero le daba la espalda a la luz. Por eso no pudieron reconocerse, ni siquiera mientras él se le acercaba haciéndose paso entre la gente del sector de baile.
Ni siquiera cuando le sonrió y los dientes blancos sobresalieron en la oscuridad.
Ni siquiera cuando la tomó del brazo delicadamente.
Ni siquiera cuando le acarició las mejillas.
Ni siquiera cuando finalmente la besó.
Y mucho menos esperaban reconocerse cuando él terminó soltándola y ella, en una repentina lucidez, preguntó: -¿Papá?
No quisieron reconocerse.
Ni siquiera entonces.


2 comentarios:
Sos genial Rocío.
Bárbaro todo.
=) Muchas gracias, Nicolás!
Vos también sos genial en lo tuyo.
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