martes, 21 de septiembre de 2010

Ni siquiera entonces

Ni siquiera entonces

La miraba, pero le daba la espalda a la luz. Por eso no pudieron reconocerse, ni siquiera mientras él se le acercaba haciéndose paso entre la gente del sector de baile.
Ni siquiera cuando le sonrió y los dientes blancos sobresalieron en la oscuridad.
Ni siquiera cuando la tomó del brazo delicadamente.
Ni siquiera cuando le acarició las mejillas.
Ni siquiera cuando finalmente la besó.
Y mucho menos esperaban reconocerse cuando él terminó soltándola y ella, en una repentina lucidez, preguntó: -¿Papá?
No quisieron reconocerse.
Ni siquiera entonces.

2 comentarios:

Nicolás dijo...

Sos genial Rocío.
Bárbaro todo.

Rocío dijo...

=) Muchas gracias, Nicolás!
Vos también sos genial en lo tuyo.