viernes, 3 de septiembre de 2010

El nombre


- No te olvides de escribirme, todos los días–dijo antes de irse para siempre.
Y ella, pobre ingenua, dedicó cada veinticuatro horas de su vida a escribir el nombre de aquella persona en un trozo de papel. Los guardó delicadamente en una caja y dejó que sus sobrinos la heredasen.
Ellos aún no entienden el significado del tesoro. Aún no pueden apreciar las diferencias. Pero dentro de unos años, la misma palabra les sonará distinta en cada pedazo de papel y notarán deslices en la escritura.
El nombre ha sido escrito más de ochocientas veces. Más de ochocientos mensajes distintos escondidos en una caligrafía común a los ojos de vulgares.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El mensaje se pierde... y el nombre deja de ser UN nombre por el paso del tiempo y por el olvido inconsciente.

Besos, Ro!!