Abrió el libro frente a sus ojos y se encerró en la ficción. Nadó en el mar de palabras, que parecían no decirle nada y la hacían pensar en todo.
Algunas metáforas le quitaron el aire. Se ahogó en las frases hechas.
Se deslizó en el espiral de una rima minutos después de trepar por una descripción.
Corrió esquivando flechazos de acciones, se hizo bolita para esconderse detrás de un punto.
Y solo cuando tuvo el valor suficiente,
salió
y saltó a la siguiente página.


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