viernes, 15 de enero de 2010

El género fantástico y yo

Con el género fantástico me pasa algo raro: necesito que no sea lo principal en una historia para que me llegue.

Soy creyente. Leo algo o veo una serie de televisión o una obra de teatro y me creo que estoy en otro mundo. Realmente, me lo creo. Pero tengo una especie de incapacidad caprichosa para transportarme.

Mientras estoy disfrutando de otro ambiente, no termino de irme de éste. No puedo irme por completo. Siempre quedo con un pie de cada lado. Es bien raro porque, quizás, entiendo con toda normalidad que algunos personajes tengan... no sé, poderes mágicos, por ejemplo; pero si a la vuelta de la esquina me espera algo descabellado como un animal encantado -y generalmente alado- salido de la nada, me pierdo. Siento que dos minutos antes tenía un pie de cada lado y al llegar a ese punto, los junté espantada y volví a esta realidad lógica en la que vivo.

Quedo insatisfecha y me da lástima (por la obra, no tanto por mí) porque a veces se llega bien a algún lado y de repente ¡PLOP!, nos vamos al carajo.

Me gusta el género fantástico, no puedo negarlo. Pero me gusta con restricciones. Siento que toco con la punta de los pies una superficie de arena movediza. Si tenemos la habilidad para sacar el pie y ponerlo, sacarlo y volverlo a poner, está todo bien. Sin embargo, si nos quedamos mucho ahí, nos hundimos.

Me gustan las fantasías a las que les doy la mano y me toman la mano; y quizás me la sueltan para señalarme otra cosa y me la vuelven a tomar para que no me olvide lo que se siente. Pero no me gustan las que se aprovechan hasta el hombro.

Yo intento ponerle buena voluntad a una historia y mentalizarme a la idea de zombies, vampiros, cuerpos que vuelven a la vida, hombres lobo, elfos, duendes, unicornios, brujas, sirenas y demás. Pero si eso es lo único que me ofrece una historia, jamás me va a llegar. Le bloqueo la entrada porque me aburre.

Ahora bien, rescato de las historias y de los personajes las partes reales que puedan transmitirme a partir de esa fantasía. Eso es lo que me parece que está bueno. Poder, desde la fantasía, mover la realidad, hacerla temblar y poner en tela de juicio pensamientos y -mejor aún- sentimientos que nos invaden a cada rato.
Esa es la literatura que me copa. La que se mezcla con la realidad y me la transforma frente a mis ojos sin que yo tenga tiempo para pestañear. La que me hace creer y la que me invita a vivir una aventura.

Esa es la fantasía que, a pesar de tanto bicho raro, me llega al alma. Y lo celebro compartiéndola.

¿Y ustedes? ¿Qué relación tienen con este género? ¿Y con otros? ¿Cuál es su favorito y por qué? ¿Qué es lo que los llena de una historia?

Por algo escribimos lo que escribimos. Todo influye en literatura porque no hay límites de ningún tipo, así que mi consejo: no se guíen por lo que hay; mejor sorpréndanse con lo que pueden conseguir. Créanme, de esto último hay más variedad ;-)

3 comentarios:

Diana dijo...

Hola! Me encanto la reflexion.., creo , como tu lo dijiste, que aunque este genero es en verdad llamativo tenemos que poner limites. Para mi el genero fantastico te permite aprender mediante metaforas lo que tal vez de otra manera no entenderias. Te deja muchas cosas, pero todo depende de la perspectiva en la que lo veas y en que medida dejes que llege hasta ti una historia fantastica. Creo que es mi genero favorito porque te permite ir mas alla de tu imaginacion, te hace pensar que todo es posible (nuevamente, lo hace con metaforas)y eso para mi es fantastico. Jaja y bueno.., despues de mi supercomentario.., no habia visto este blog, pero ahora tambien te sigo por aca.
Besos Rocio!

Missbook asg dijo...

Digamos que mi relación es de suma cercanía. Es mi genero predilecto, por lo cual lo escribo, lo leo y lo difundo. Actualmente trabajo en una novela de este genero y me da plenitud para hacer real todos mis deseos

jimeneydas dijo...

Aciertas en tu análisis, Rocío.El ambiente fantástico no deja de ser un disfraz (que puede ser más o menos elaborado o bello) que se pone una historia para atrapar al lector. Y recordemos que "aunque la mona se vista de seda..." si no hay calidad en la historia, de nada sirve maquillarla con artificios.
Y es precisamente ese drama humano que se transforma con el traje de la fantasía el que nos engancha en una obra del género fantástico, y un buen ejemplo de esto es la blognovela de Ángela, "Los hijos de Aesir".